(o al menos como yo lo he vivido)


El nómada digital que imaginaba al inicio


Cuando todo esto de la web apenas comenzaba, yo imaginaba mi vida como la de muchos que veía en internet: viajando, conociendo otros países, moviéndome de un lugar a otro. La mayoría ya tenía una vida hecha: casa o departamento, carro, estaban casados o en pareja. Ese era el ideal que yo veía para el resto de mi vida.
Con el tiempo me fui dando cuenta de que no era tan simple. De hecho, esta misma web la abandoné durante años, aunque en ese tiempo creé otras. Hoy la veo como un experimento y, al mismo tiempo, como un regreso a lo que siempre quise: tener independencia y compartir ideas que sí me funcionaron, sin generar humo ni vender una realidad que no es tan común como parece.


Mi punto de partida (y por qué importa)


Mi camino fue pasar de ser un adolescente frustrado con la escuela a convertirme en un godín con ingresos extra. No porque las webs me dieran de comer siempre, sino porque entendí algo clave: a menos que seas muy famoso o ya tengas algo muy sólido, tener un empleo estable suele darte estabilidad, y en muchos casos es lo más recomendable.
Eso no significa conformarse. Para mí, generar dinero extra siempre fue importante, porque uno nunca sabe cuándo puede quedarse sin trabajo o cuándo el contenido simplemente no va a generar lo suficiente.
Por eso, cuando alguien me pregunta si ser nómada digital es buena o mala idea, mi respuesta es: depende mucho desde dónde partes tú.
Y no hablo solo de cuánto ganas, sino de cosas más básicas:
si ya no pagas renta, si tienes casa o carro, o incluso si —como fue mi caso cuando era adolescente— tienes padres o familiares que pueden apoyarte económicamente. Para mí, eso es un privilegio enorme y puede marcar la diferencia entre disfrutar el proceso o sufrirlo.


Cuando el cuerpo también pone límites


Algo que casi nadie cuenta es que los límites no son solo económicos, aunque muchas veces sí sean los más grandes. Con el tiempo entendí que la salud pesa igual o más.
En mi caso, tener intestino irritable y fobia a las alturas terminó limitando mucho a dónde podía ir. Ya tenía el dinero y el tiempo, ya era “momento de viajar”… hasta que un día, subiendo por un elevador de más de 60 pisos, entendí que subirme a un avión iba a ser una experiencia bastante pesada.
Superar ese miedo no fue rápido. Me tomó años enfrentar ese paso poco a poco antes de poder subirme a un avión con algo de calma. Creo que lo bueno de darte cuenta de estas cosas siendo joven es que todavía puedes enfrentarlas sin poner en riesgo tu salud de verdad.
Hoy adoro volar, aunque a veces lo haga con los ojos cerrados. Ya he logrado viajar solo y lo disfruto mucho, pero entendí que mi forma de vivir viajando no iba a ser igual a la de otros.


Mi forma de ser nómada digital (a medias, pero consciente)


Yo no dejé mi trabajo porque es 100% en línea, y eso me permite mezclar dos cosas:
un ingreso estable y proyectos personales que poco a poco pueden crecer.
No tengo prisa por dejarlo. Si algún día lo hago, será cuando tenga suficiente estabilidad económica, pero también cuando me sienta bien mentalmente para hacerlo sin presión ni miedo constante. Hoy prefiero avanzar con calma que forzar una vida que, aunque se vea bien en redes, no necesariamente es la que necesito ahora.


Comparativa: el nómada digital “normal” vs. mi forma de vivirlo

Aspecto Nómada digital “tradicional” Mi forma de ser nómada
Trabajo Deja su empleo y vive solo de lo online Mantengo trabajo en línea y proyectos extra
Ingresos Variables, dependen 100% del contenido o clientes Mezcla de ingreso estable + extra
Ritmo de viaje Constante, cambiando seguido de lugar Por etapas, cuando se puede y se disfruta
Presión Alta: “si no genero, no viajo” Menor: puedo pausar sin que todo se caiga
Salud Muchas veces se ignora Es parte central de mis decisiones
Comparación Fácil caer en compararse con otros Me enfoco en mi propio progreso
Objetivo Vivir viajando todo el tiempo Vivir mejor, aunque no viaje siempre



No creo que una forma sea mejor que la otra. Solo creo que no todos partimos del mismo lugar, ni tenemos las mismas condiciones, y forzarnos a vivir un modelo que no nos queda puede terminar siendo más frustrante que liberador.


Mirar el propio progreso (y no el de los demás)


Si algo he aprendido es que, si dejamos de comparar nuestro punto de partida con el de los demás, el camino hacia eso que llamamos “vivir viajando” se vuelve mucho más llevadero.
Cada cosa que intenté, incluso enfrentar mis miedos, me dio una satisfacción distinta. No fue una historia perfecta ni rápida, pero sí fue real. Y por eso, si estás leyendo esto, solo te diría una cosa: no te rindas.
Vas a encontrar muchos obstáculos, y aunque tu forma de vivir viajando no se parezca a la de otros, creo que llegará un punto en el que la vas a disfrutar.
Y al final, de eso se trata.